Etiquetado: Europa Press

La muerte sigue siendo escandalosa

8267642370_7edfa2ea05_k

El pasado 9 de febrero la agencia de noticias Europa Press dio a conocer a través de su página de Facebook un artículo publicado en Infosalus.com con el titular Describen en pacientes con cáncer avanzado los signos clínicos antes de fallecer. Dicho artículo informaba de un estudio publicado en Cancer, revista revisada por la Sociedad Americana del Cáncer, que revelaba hasta “ocho signos físicos muy específicos que, si están presentes, sugieren fuertemente que un paciente va a morir dentro de tres días”. ¿No es increíble? ¿No te parece útil, curioso, interesante? ¿No te parece un gran avance en el conocimiento del hecho físico de la muerte, probablemente el hecho más inherente a todo ser viviente junto con el nacimiento? Pues lo sorprendente para mí fue descubrir que a mucha gente la noticia le pareció una aberración.

La muerte –como el nacimiento- es, desde hace algunas décadas, un acontecimiento férreamente medicalizado en las sociedades con gran desarrollo técnico y científico. No profundizaremos ahora en ello (aunque conviene apuntar que dicha medicalización ha contribuido a alimentar una ilusión de inmortalidad en gran parte de la población, una ilusión de omnipotencia en la profesión médica y, de ahí, un furioso rechazo y negación de todo lo que tenga que ver con la realidad inexorable de que, antes o después, la muerte biológica siempre va a vencer a la vida biológica).

Parecería, en cualquier caso, evidente, que esa medicalización quisiera generar un conocimiento profundo, técnico (objetivo, si se quiere) de las características y parámetros del hecho físico-químico de morir. De ahí que se pongan en marcha estudios como el publicado en la revista Cancer.

Recuerdo la primera formación que recibí sobre acompañamiento y relación de ayuda a “pacientes terminales” (entonces aún se llamaban así), hace aproximadamente diez años. Entre otras cosas, además de explicarnos cómo se cuida de una persona gravemente enferma, nos explicaron algunos signos físicos que indicaban que la muerte está muy próxima. El ejemplo más típico son los estertores (esa forma peculiar de respirar que tiene la persona justo antes de expirar). Conocer y saber reconocer este tipo de signos es necesario y conveniente cuando se cuida de alguien al que le queda poco tiempo de vida, para no ponerse nervioso y confundirlos con empeoramiento, caer presa del pánico y proporcionar una ayuda más deficiente de lo que seríamos capaces.

Los autores del estudio comentaban que, gracias a sus hallazgos, “vamos a poder ayudar a médicos, enfermeras y familias a reconocer mejor el proceso de la muerte y, a su vez, ofrecer una mejor atención a los pacientes en los últimos días de vida”. De hecho, en el artículo de Infosalus.com se expresaba que “Saber si el paciente va a morir inminentemente también puede resultar relevante para que los cuidadores familiares tomen muchas decisiones personales, como si el paciente quiere pasar la noche en el hospital o si un hijo aún tiene tiempo para viajar a ver a su padre”.

Pues bien, a la publicación de la noticia en Facebook por parte de Europa Press siguió un alud de comentarios escandalizados con el hecho de que se hablara de tal tema y mucho más con que lo hiciera un medio de supuesto prestigio. Unas cuantas personas dijeron que aquello era una vergüenza, algo asqueroso, desagradable “para empezar un lunes”, morboso, utilitarista; había personas que, agraviadas, pensaban dejar de informarse “desde ya” a través de Europa Press; afirmaban que la noticia no aportaba nada nuevo a la comunidad médica y que bastante tenían los enfermos con soportar su enfermad como para leer este tipo de noticias “tontas” e “insensibles”; había personas heridas en sus sentimientos, que acusaban a la publicación de frivolizar (!) con un tema tan duro, personas que creían que ese tipo de información es innecesaria (!) o que encontraban la noticia “de mal gusto” y poco empática… Y así uno tras otro, docenas de comentarios ofendidos y llenos de indignación.

Pensé inmediatamente en la doctora Elisabeth Kübler-Ross. Esta psiquiatra comenzó a prestar atención a los pacientes al final de vida y a conocer, gracias a ellos, las características de la muerte, acercándose a sus camas de hospital y conversando con ellos. Pensé en el tremendo escándalo que su trabajo generó a principios de los años 60, fruto de una mentalidad absolutamente horrorizada ante el hecho de que alguien, una doctora hecha y derecha, pareciera decirle a la cara a la sociedad: “Nadie lo quiere, veo todo el dolor que te supone, no me extraña que esto te deprima o te enfade… pero, te pongas como te pongas, te vas a morir como todo el mundo y ni toda tu evitación ni toda tu negación (legítimas y necesarias, a pesar de su coste, incluso cuando las expresas a patadas) van a cambiar eso. Probemos a conocer aquello que tememos, por si puede ayudarnos a soportarlo mejor”.

Nunca pensé que tendría que ver, en el año 2015, exactamente las mismas reacciones furibundas que hace cincuenta años. Eso no significa que no las entienda. Claro que las entiendo: nadie quiere morir, nadie quiere que su ser querido se muera, nadie quiere verse en esa situación en la que te puede ser útil saber en qué consiste morirse para que puedas vivir con mayor conciencia y serenidad tu propia muerte o la de que aquella persona a la que quieres. Pienso en qué duro debe haber sido para todas esas personas que han pasado o están pasando por una enfermedad mortal o que han visto a alguien querido fallecer por una enfermedad el haber leído un artículo como este justo cuando lo que necesitaban habría sido lo contrario. ¡Cuánto sentido tiene patalear, tirar de los pelos a aquel que te explica lo que no necesitas!

Me quedo con lo interesante que es tomarle el pulso a una parte de la sociedad a la que uno pertenece en cuanto a su tolerancia a hablar sobre la muerte. También me quedo con la lección que incluye: ser siempre cuidadosos con lo que decimos y escribimos (hay gente a la que le resulta intolerable que se quiera conocer y divulgar en qué consiste la muerte y estamos obligados a respetarlo) y ser cuidadosos con lo que leemos, con lo que nos dejamos ver o nos permitimos escuchar, con lo que buscamos (no sea que lo encontremos). Cuidarnos unos a otros es recordar que detrás del dolor expresado, quizá, hay otro dolor que está oculto, además de un tesoro por respetar.

Foto. Hospital, Jing

Anuncios