¿Cuál es tu esperanza?

7167981932_b532f3758b_b

Una vez participé como alumno en un ejercicio de meditación guiada en el que se formuló esta pregunta, como si se hiciera para la persona en duelo, aunque puede servir para cualquier ser humano. Y no la he olvidado, porque me parece crucial.
¿Cuál es tu esperanza?

Lo que esperas, deseas, anhelas para ti. Sí, para tu vida entera, pero sobre todo para ti aquí y ahora, en tu momento de desierto, en el mar de desesperanza, en el polo sur de las ilusiones. ¿Cómo te imaginas tu vida lejos de esto?, ¿cómo es la vida que quieres para ti cuando esto acabe? Si eres capaz de proyectarte unos meses, unos años más allá de este callejón oscuro, cuando puedas haberte separado del dolor, cuando ya estés tocando todo lo demás que tú también eres, ¿qué espera el corazón más profundo y más sabio de tu corazón humano?
La respuesta a esta pregunta va unida casi siempre a la respuesta a otra, más problemática y pegada al desierto: “Y esto, ¿cuánto dura?”. A la persona que lo está atravesando, sobre todo si es la primera vez que se encuentra en una situación como esta, le preocupa enormemente que su dolor vaya a ser eterno, que toda su vida vaya a ser, a partir de ahora, un transitar errático por el dolor, la melancolía, la desesperanza y la falta de ilusión. Y esto, ¿cuánto dura? ¿Esto va a ser así para siempre? Pero la gente… ¿la gente supera esto? La persona en duelo necesita información y necesita normalización para poder contener algunas de sus preocupaciones y, así, empezar a tener esperanza.

¿Cuánto dura el duelo? En efecto, esta es, probablemente, una de las preguntas que con mayor frecuencia aparecen en los grupos de ayuda mutua y en las consultas individuales sobre duelo. El criterio “coloquial” nos dice que dura para siempre. ¿Para siempre? Sí, una pérdida que es irreparable dura para siempre, luego algunos de sus efectos duran para siempre también. Siempre habrá un momento para la nostalgia, para la emoción, para la duda, para un nuevo recuerdo o comentario que nos descoloque y active en nosotros una punzada, vestigio de aquel dolor mayor por el que pasamos durante la peor época. Por otro lado, el criterio “técnico” nos dice que el duelo dura unos meses, un año, dos años, tres años… hasta que finalmente se procesa y podemos considerarlo como “concluido”.

¿“Concluido” quiere decir que todo volverá a ser como antes? No, nada puede volver a ser como era antes de la guerra, de la inundación, del incendio o del terremoto. Por mucha reconstrucción que se haga, el mundo, nosotros, siempre será otro. ¿Entonces? Entonces “concluido” quiere decir que la persona está fundamentalmente orientada a la vida, ha retomado en un alto grado sus actividades y sus proyectos (además de, quizá, haber emprendido otros nuevos), sus relaciones sociales no han desaparecido y siguen siendo razonablemente satisfactorias (aunque hayan cambiado) y tiene capacidad para ilusionarse y disfrutar de la vida más allá de los pequeños fogonazos de alegría que también existen durante el duelo duro. Cuando se ha dado una transformación “positiva” en su identidad, fruto de haber integrado los diferentes elementos de su pérdida.

Y, sobre todo, como dicen los maestros que saben mucho de esto, el final del duelo viene marcado no por la desaparición absoluta y permanente del dolor, sino por la capacidad para entrar y salir de él con fluidez cuando aparece sin quedarnos enganchados otra vez.

¿Qué es para ti el final, qué sería para ti estar bien? Es una pregunta que me gusta que se formule a la gente en duelo a la que se acompaña. A menudo, dentro de las turbulencias del dolor, nuestro organismo solo alcanza para lo más básico: no quiero estar mal, quiero estar bien, no quiero sufrir, quiero que esto acabe. Es decir, huir del dolor y buscar el bienestar, algo crucial para nuestra supervivencia. Pero debe llegar un momento en que la persona dé un paso más y ponga en palabras qué sería para ella estar bien, estar “más allá” del duelo. Puede que no se lo haya planteado hasta el momento en que otro le hace la pregunta. Sin embargo, aun en medio de su desierto, de su Polo Sur, prácticamente todo el mundo es capaz de tomarse un momento de reflexión y esbozar dos, tres frases sencillas que describen cómo sería para ellos que el duelo hubiera terminado, cuáles serían los indicadores de que están saliendo de él, de que comienza una vida nueva que, aun siendo otra, puede también ser una buena vida.

Es así como, más allá de los deseos difusos, la persona en duelo empieza a bosquejar, a plantearse a sí misma cuál es su esperanza… y no solo cuál es su anhelo desesperado.

 

Foto. La raíz cuadrada de lo que soy, Quique Pastor

Anuncios

  1. Maria Delia Risso

    Estoy viviendo un duelo , las preguntas sin respuestas , todavía después de 2 y medio años , busco la continuidad de mi camino por la vida , muy buena publicación …a seguir reflexionando , gracias , Ma.delia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s