¿Por qué dura tanto?

Foto. Horia Varlan

Hace dos semanas apuntamos que una de las razones por las que el duelo tarda tanto en “resolverse” es que, al ser tan complejo (al afectar a múltiples factores de muy diversa naturaleza) es necesario tener por delante un cierto periodo de tiempo para ponerlos en orden y que vayan manifestándose todos. Como es obvio, este periodo no puede ser corto.

Estoy peor ahora que hace unos meses. “Pensaba que el primer año (las primeras navidades, las primeras vacaciones) sería lo peor. Sin embargo, me encuentro peor este año”. Afirmaciones de este tipo son muy frecuentes entre las personas que acuden a terapia de duelo. ¿Cómo es posible?

También hemos mencionado en alguna ocasión que el duelo (porque es complejo) no es un proceso lineal. Si imaginamos un gráfico sencillo que ponga en relación el tiempo que va pasando desde la pérdida y el bienestar psicológico de la persona en duelo, es un error pensar que el gráfico será una línea recta ascendente (es decir, que en el duelo empezamos con malestar 100 en el minuto 1 y de ahí vamos restando malestar mientras sumamos tiempo). Por supuesto, sería fantástico. Diríamos: “¡buenas noticias! ahora mismo te quieres morir pero cada día, por poco que sea, por lento que vayas, te vas a ir encontrando un poquito mejor y nunca peor que ahora”.

Desgraciadamente, no funciona así. En mi opinión, un gráfico más acertado sería una línea relativamente ascendente (y solo relativamente) pero no recta, sino llena de zig-zags y planos. La oscilación se parecería a la que va marcando la aguja de un sismógrafo: arriba y abajo, arriba y abajo, ahora con más frecuencia, ahora con menos amplitud, ahora plano, de repente un subidón, otra vez plano, de golpe una caída brusca… Los momentos planos, sin subidas ni bajadas, ilustrarían tantos momentos en los que no se siente ni frío ni calor, la persona no sabe en qué punto se encuentra o, directamente, informa de que está “estancada”.

Cuando hemos compartido mucho tiempo -y de calidad- con alguien que se muere o que nos deja o a quien dejamos, podemos tener en un primer momento una conciencia compacta y global de lo importante que ha sido esa relación para nosotros. Sin embargo, no podemos tener una conciencia plena, desplegada, de todas y cada una de esas cosas que hemos compartido y, en definitiva, todo aquello que hacía que esa persona, esa relación, fuera importante para nosotros. Todo eso va desvelándose poco a poco. Un día nos acordamos de una cosa, otro día de otra. Mientras no llega el verano no podemos sentir plenamente lo que es un verano sin esa persona. Si todavía quedan meses hasta que me toque vivir por primera vez su cumpleaños, o el mío, nuestro aniversario, ese día que fue tan importante, sin esa persona… entonces habrá sensaciones nuevas dentro de unos meses. Hasta que me encuentro en un apuro que esa persona me resolvía no puedo notar su falta de esa manera concreta… Por eso el duelo dura tanto: porque echaremos de menos a esa persona en tantas ocasiones y en tantos aspectos que tienen que ir apareciendo con la espontaneidad del día a día. Para que vivamos todo aquello en lo que echaremos de menos a esa persona tiene que pasar tiempo.

Los recuerdos están ahí agazapados y, si su detonante aparece pasado mucho tiempo desde que se produjo la pérdida, su efecto también se producirá mucho tiempo después de esta, aun cuando otros aspectos del duelo ya estén resueltos. ¿Significa eso que he tenido una “recaída” en mi duelo? ¿Entonces es que estoy retrocediendo? ¿Me estoy estancando? No necesariamente. Si volvemos al gráfico del zig-zag convendremos en que una caída no es lo mismo que un retroceso, aunque sea una caída muy pronunciada. Podemos “caer”, tener un periodo peor dentro de nuestro proceso “malo” que es el duelo, pero eso no quiere decir que perdamos posiciones: ya hemos hecho un cierto recorrido, hemos integrado aspectos de nuestro duelo que quedan ahí y no se desvanecen, sino que sostienen nuestra trayectoria.

Por otro lado, cuando una pérdida es irreversible hay ciertas dimensiones del duelo que, por fuerza, lo son también. Siempre aparecerán recuerdos o siempre nos puede asaltar una chispa de emociones negativas que ya teníamos colocadas. Porque somos humanos y estas cosas nos pasan porque son naturales, no porque vayamos por mal camino. Pasan porque le damos vueltas a las cosas y las elaboramos, porque la vida es caótica y todos sus elementos están siempre en movimiento, chocando unos con otros. Y, si el duelo está suficientemente bien encaminado, tal como chocan, siguen su camino. Tal como vienen… se van.

Foto: “Wide view over the northern Transfagarasan”, Horia Varlan

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