Duelo y paro (y III): En tu día a día

Kailash Gyawali-1

Estar en el paro, como tantas otras situaciones vitales, también pérdidas, no se ve. Por eso, muchas veces hay que explicarle a la gente que no conoce esa condición en qué consiste. Por otro lado, a veces es una situación que dura mucho tiempo, por lo que no puedes comprometer y condicionar toda tu vida al hecho de estar en paro. Además, es importante que, ya que estás, rasques todo lo que puedas de esta experiencia para que, al menos, te reporte algún aprendizaje útil a partir de ahora. Veamos todo esto con un poco más de detenimiento.

Explícale a la gente qué es estar en paro. Explica a la gente cómo te sientes, cómo es el día a día de una persona en paro, cuando surja la ocasión. Hay gente que no ha estado nunca en esa situación, o bien lo estuvo hace mucho tiempo, o sólo ha estado unas semanas así. Esa persona no puede conocer en profundidad lo que significa estar meses, un año, dos, etc. sin trabajo y, si le faltan ciertas dosis de empatía básica, tampoco se lo va a poder imaginar.

Explícale a la gente que una persona en paro es alguien que pasa muchas horas solo (en su casa, en la calle, haciendo trámites, esperando…) mientras los demás trabajan. Explícale a la gente que una persona en paro es alguien que tiene miedo a lo que la pérdida de su trabajo ha hecho con su carrera profesional. Explícale a la gente que una persona en paro es alguien que a veces se siente culpable cuando, por un rato, deja de hacer algo relacionado con la búsqueda de empleo o cuando gasta dinero en algo que no tiene que ver con el trabajo. Explícale a la gente que una persona en paro es alguien que se pasa las semanas buscando trabajo mientras la gente de su alrededor se queja de que es lunes y tiene que ir al suyo. Explícale a la gente que una persona en paro es alguien que pasa meses y meses recibiendo negativas.

Cuando la gente no sabe todo esto es cuando te pregunta una mañana: ¿qué haces? Y tú les contestas: “aquí en casa, que acabo de volver del gimnasio/desayunando tranquilamente en el salón/ dando un paseo/ leyendo/tuiteando/ordenando mi mesa…” ¡lo que sea! y te responden algo como: “¡Qué bien vives!”, “¡Qué vidorra!”, “¡Te lo cambio!”. Esto es mucho más común de lo que parece y, si estás en paro, piensa si no has oído en más de una ocasión que alguien te dice que vives muy bien. Cada persona que está en paro es diferente y cada una sabrá lo bien o lo mal que vive pero, si tenemos que generalizar, hay algo que (ante la duda) nunca, nunca, nunca se le dice a una persona que está en el paro, que quiere dejar de estarlo y que hace ya “demasiado” tiempo que está poniendo todo su empeño y creatividad en conseguirlo: que vive bien. Da igual si está leyendo, si ha podido ir al gimnasio tranquilamente por la mañana, si está buceando en sus diferentes redes sociales o si le pillas justo dando un paseo. Nunca le digas que vive bien si no estás seguro de que es así. Porque duele.

Aprovecha el tiempo. Sí, seguro que ya te has hartado de oír este consejo, que es el abc de la orientación laboral, pero es el abc por poderosas razones. La idea es que todo ese caudal de tiempo disponible (que es tu recurso básico mientras estás sin trabajar) sea canalizado en algo útil tanto para tu bienestar al margen del paro (¡cuídate!) como para encontrar la manera de dejar de estar en paro. Si practicas deporte, o lees, o te encantan las series, o pasear, o hacer fotos, o quedar con gente con la que antes no coincidías… quizá es el momento de aprovechar y hacer todo eso más, o en horas que te apetezca más, o más tranquilamente.

Relaciónate mucho, ábrete, conoce a cuanta más gente mejor, porque si das con la gente adecuada (la que ya conoces y la futura) y te abres a ellos vas a vivir mejor y, quién sabe, a lo mejor alguna de esas personas tiene una varita mágica que te sirve. Si tienes diferentes inquietudes, piensa en todos esos cursos y talleres (de un día, de cuatro días, de un par de semanas) que son baratos o baratísimos y que se hacen por las mañanas, o por las tardes y a los que no podrías acceder si estuvieras trabajando. Aunque estés en paro, eres mucho más que eso y no todo en tu vida se reduce a tu pérdida del trabajo.

Sé consciente de este periodo vital por el que estás pasando. Todos pasamos por épocas en las que necesitamos un cambio o “unas vacaciones” y, a veces, perder nuestro trabajo y quedarnos en paro es un paso necesario para ello. Pero seamos honestos: si lo que quiere es estar trabajando, a nadie le gusta estar en paro sin saber cuándo acabará esa situación. Por eso, pasar unos meses, un año (o el tiempo que sea) “a la sombra” es una experiencia muy particular de nuestra biografía, también si la consideramos desde el punto de vista del duelo: hemos perdido el trabajo y, con él, más cosas: estatus, parte de nuestra red social, el tren de nuestro desarrollo laboral, dinero, autoestima, bienestar… Es un periodo duro, a veces muy duro y lleno de ambivalencias. Cierto, no se ha muerto nadie, no te ha dejado la pareja, no te han dicho que padezcas una enfermedad gravísima… pero se pasa muy mal.

La semana pasada dijimos “Permítete sentir lo que te nazca”. Claro que sí. Y permítete evitar sentirlo si es lo que necesitas. Y hazlo a tu manera, a tu ritmo. Ser consciente del periodo vital por el que estás pasando implica necesariamente admitir que te sientes mal, igual que puedes consentirte diversión, esperanza y motivación cuando aparecen. También implica no ser capaz de hacerlo en un momento dado. Solo así se pueden dar pasitos útiles para tu bienestar.

Por otro lado, igual no lo has pensado, pero estar en paro es algo muy importante que te pasa en tu vida. Sin embargo, como en cualquier otro duelo, el malestar no significa que este periodo de tu vida sea solo dolor, sea solo un impasse entre trabajo y trabajo. Tú eres tú cuando trabajas y cuando no trabajas y en todos los periodos de tu vida puedes aprender y crecer. De acuerdo, nadie quiere aprender si el precio para ello es quedarse en paro (aún no he conocido a nadie que no cambiaría en un santiamén todo su aprendizaje vital con tal de que su ser querido no hubiera muerto, o no le hubiera dejado, o esa enfermedad no se le hubiera declarado…) pero lo cierto es que ahí está: durante el paro, además de mucha frustración, mucha mala leche y mucho pesimismo, también vas a aprender mucho sobre cómo eres, desarrollarás nuevas facetas, madurarás. Sí, lo cambiarías ya, a cambio de esa oportunidad laboral que te sacara del hoyo, pero no le des la espalda a todo ese bagaje: haz que te refuerce.

Foto: “Working in free space”. Kailash Gyawali

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