El último día de playa

"La chaise", David Wanaku

Todos los años sucede y ningún año nos damos cuenta… hasta que sucede. Siempre hay un día, al final del verano, en el que vamos a la playa por última vez pero no sabemos que es la última. Llegamos barruntando que ya nos quedan pocos días para tomar el sol, para bañarnos en el mar, para bucear y pasear por la orilla o dormitar en la arena… pero que no es el último, que pretendemos ir todavía más veces. Al menos una, seguro.

Sabemos que es de los últimos días pero no hemos decidido que sea el último. Aún quedan días de calor, nos decimos. Aún quedan días de vacaciones. Nuestra intención puede ser repetir mañana mismo o el próximo fin de semana. Volveremos y, entonces, nos daremos el último baño, el último paseo, la última cabezadita con el gorro sobre los ojos. Puede que, incluso, aún nos queden dos o tres días más.

Todos los años sucede que vamos a la playa pensando que aún nos queda al menos otro día y, por la razón que sea, ese día nunca llega. Ya está, ya fue, el otro día fue el último (hasta el verano que viene) aunque no estaba planeado que así fuera.

¿Y si hubiera estado planeado? Nos preguntamos. Si hubiera estado planeado hubiéramos ido más tiempo, respondemos en seguida. Habríamos ido a pasar el día, no nos habríamos ido tan temprano, nos habríamos bañado más veces, habríamos paseado hasta más lejos, nos habríamos hecho más fotos, habríamos tomado algo antes de marcharnos a casa, habríamos buceado más o hecho unos largos hasta la boya o mirado más detenidamente la espuma ir y venir entre nuestros tobillos enterrados en la orilla…

Pero tendrá que ser ya el verano que viene. Porque de repente cambió el tiempo y se aproximó el otoño. Porque nos rompimos una pierna y era un engorro ir con la escayola a la playa. Porque surgieron otros planes y luego ya sí que cambió el tiempo. Porque nos acabó dando pereza.

Entonces el verano se va disolviendo poco a poco y seguimos con nuestras vidas con lo que va tocando en cada estación, hasta el siguiente día en que, sin saberlo, será el último, hasta el siguiente verano que se acabe sin que lo planeemos, sin que nos demos cuenta. Como si todo pudiera acabar de repente, como nos pasa siempre con los días de playa.

Foto: “La chaise”, David Wakamu

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